Revista de la AMPA del CEIP Javier de Miguel

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Historia de una calabaza. F. J. Valverde.

El huerto de mi cole inspira de la mano de

¡¡Hola chicos!!! 

¿Os acordáis de mí? Soy una de las calabazas que germinastéis esta primavera. Me llamabais Calaba pero hace tanto tiempo que quizás no me recordéis. Yo sí me acuerdo de vosotros, de los niños cuidándome, del colegio, de todos vosotros.

El caso es que cuando me llevasteis a la bonita fiesta de los huertos escolares, que organizó el Ayuntamiento de Madrid, me dejasteis en manos de un forastero que lucía un sombrero de granjero. Fue tal la pena que sentí al abandonaros que caí en depresión. Por eso no me había puesto en contacto con vosotros hasta ahora.

2017-07-15Me llevaron a una huerta que está en Villaviciosa de Odón, a un terreno que siempre fue de cultivo hasta que se jubiló el agricultor que lo cuidaba (ya tiene 97 años y está como una rosa para que veáis lo buena que es la vida en el campo). Sus nietos han cogido un poco el relevo para pasar el tiempo y para que la huerta no quede abandonada. No son profesionales, solo aficionados a esto de la agricultura.

Me plantaron en una esquina de un bancal. Antes estuvieron removiendo la tierra para echar un poco de estiércol. Los primeros días los pasé viendo las estrellas, pensando que vosotros estaríais viendo las mismas a la vez que yo. Luego, por el calor me tuvieron que poner una lona que me protege mucho.

LaHuerta

Ahora estoy mucho mejor pero debido a la debilidad provocada por la depresión y el calor reinante he estado bastante mal. Sufrí una pérdida masiva de hojas, una plaga de ácaros… pero he salido adelante y ya estoy echando mis primeras flores. Estoy tan fuerte que me he dicho “¿para qué vas a echar solo una flor? Voy a echar cinco de golpe”. Con un poco de suerte acudirán a mí unas cuentas abejitas que se llevarán mi polen y traerán otros más lejanos.

Cerca de mí hay tomates, pimientos, berenjenas, melones, sandías, lechugas, acelgas, coles de bruselas y calabacines. Al principio no me atrevía a hablar con ellos por timidez. Eso también contribuyó a que me deprimiera. Cuando empecé a hablar con ellos todo fue mucho mejor, tanto para ellos como para mí. Hemos superado las plagas juntos. Ahora somos todos amigos por encima de razas, colores y tamaños.

Me han dicho que antes corría el agua alegremente por aquí pero, tras la construcción masiva de urbanizaciones con sus piscinas, no hay agua para todos. Las vistas son magníficas aunque hora mismo está todo un poco seco. De vez en cuando se ven águilas, halcones, conejos, turones… un poco de todo.

¡¡¡Os seguiré contando mis aventuras!!!

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