Revista de la AMPA del CEIP Javier de Miguel

Escuela de Familias. Por Elena C.

Lo que pasa por mi ampa de la mano de

ef-berrincheEl dos de noviembre tuvimos la oportunidad de iniciar las sesiones de Escuela de Familias de este año escolar 2017- 2018 con la presentación de un audiovisual de la obra de teatro “Berrinche”.  Una obra Mexicana Canadiense que generosamente nos ha dejado su directora HELENE DUCHARME.  Hemos contado con una mesa de dinamización compuesta por dos psicólogas-psicoanalistas (Elena Clavell y Regina Paiva) y una periodista-mediadora (Myriam Lee) para ayudarnos en la tarea de reflexión sobre los elementos que la obra nos presenta. También nos acompañaron algunos niños y niñas.  Fue un espacio de trabajo muy participativo, donde  se pudo hablar en confianza y de manera distendida.

La obra muestra las relaciones madre-hijo y la dualidad interior de ambos personajes.  Lleva a su máxima expresión la dualidad del ser humano. Muestra a un niño y su juguete (un tigre) con el que juega y lo representa.

Habla del tigre interior. Muestra   un “yo-yo”, y un “yo tigre”. Un yo bueno y uno feroz. Un deseo y miedo de matar a ese tigre interior.  Un tigre que se hace presente no sólo en el niño, sino también en la madre. Un tigre con el que se tiene  que aprender a vivir.

Introduce la idea del yo con ambigüedades, dudas, miedos e incluso en algunos momentos  con la sensación de fracaso.  Habla de sentimientos desbordados, desconocidos e incontrolables.

Nos ha dado la oportunidad de reflexionar sobre los momentos de descontrol, de irracionalidad y de conflictos.

El audiovisual inicia con una pesadilla, un sueño donde el niño  quiere matar a su tigre y dice que el tigre es él mismo. Aún cuando los personajes reconocen que algo no va bien, la rutina se impone, el desayuno, vestirse y salir de casa presiona, se actúa, se describe pero se habla poco de la pesadilla y de la verdad que encierra.

Lo que quiero o deseo, lo que debo y lo que puedo hacer, son elementos asociados  a la consciencia, que muchas veces van en sentidos opuestos, sumado a comportamientos impulsivos, descontrolados, o tan metódicos y rígidos que pueden ser enfermizos.

El concepto del yo se describe en su relación esa impulsividad o irracionalidad (el ello) y con la necesidad de control, exigencia y supervisión  (el súper yo), como maneras de dar cuenta de las instancias psíquicas que nos habitan y muestran nuestras luchas internas.

¿Qué somos? Pasa por aquello que podemos decir por medio de la palabra. Es desde el lenguaje, palabras, significantes que se deslizan en una multiplicidad de posibilidades y que determinan, nombran  lo que somos y lo que no somos.  Eres: “eficiente, suficiente, inteligente, buena gente…” se desliza y determina una marca de la que muchas veces no somos conscientes. Marcas que nos hacen ser distintos, especiales y nos divide, nos generan conflictos.

Freud en su texto “El Malestar en la Cultura” (1930) nos describe algunas de las principales  fuentes del malestar con las que tiene que arreglárselas el ser humano:

En primer lugar el hombre es un ser mortal y como tal, su cuerpo padece, envejece y muere. Cuando nos encontramos con la enfermedad y el dolor, incluso cuando es pasajero, perdemos la estabilidad y la serenidad y viceversa.  La relación de nuestras emociones y de nuestro cuerpo es doble, va en ambos sentidos.  Nuestras preocupaciones y nuestras penas también nos enferman.

Otra fuente de sufrimiento está dada por el mundo exterior, por la naturaleza (frío, calor, adversidades, etc.), por nuestro  encuentro con lo todo lo social y sus exigencias, normas, hábitos, estudios, trabajos, responder en cada momento a aquello que se espera de nosotros y de lo que esperamos de los otros. Aquello de lo social que no va, sus exigencias, sus injusticias y sus contradicciones.

Y la tercera y la más importante fuente de sufrimiento es aquella que es capaz de ofrecernos la máxima alegría y al mismo tiempo el mayor dolor cuando lo perdemos o nos abandona, es: el amor.

Con todas estas fuentes de malestar, nos las tenemos que arreglar.  Todas ellas hacen aflorar el tigre interior que nos habita, que se convierte en ansiedad, miedo, rabia, tristeza, etc.  Nos muestra nuestras contradicciones y nuestras frustraciones. Más que pretender matar nuestro tigre, es importante poderlo ver, ver aquello de nuestro interior que se pone en juego cuando nos relacionamos con otros, cuando peleamos, cuando estamos tristes y en especial cuando educamos a nuestros hijos.  Saber cuándo podemos solucionarlo solos y cuándo necesitamos ayuda de un profesional.  Lo más importante es la mirada de lo que no va en la relación y lo que hay de mí que se pone en juego en ese momento de conflicto. Estar abierto a la posibilidad de reconocer nuestras fallas y nuestra implicación o participación en aquello que me afecta y poder cambiarlo.

Reseña realizada por: Elena Clavell Moreno

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